Francesc Magrinyà
Hacia una relectura de los espacios públicos desde la posmodernidad. El ejemplo del Raval en Barcelona

Del diseño de espacios urbanos desde la modernidad hacia un escenario de posmodernidad

El ágora y el mercado han sido los referentes de los espacios públicos de las ciudades de la modernidad. Estos espacios, asentados alrededor de la imagen de la polis griega, basaban su apropiación en relaciones de proximidad y de cotidianeidad. La plaza de la ciudad era el punto de encuentro obligado, y por el cual se ejercía el control social y el ritual comunitario. Este escenario se ha roto con la llegada de la posmodernidad y de un modelo asociado de producción post-fordista. En él las relaciones se construyen en espacios fragmentados y el ritual comunitario queda relegado del espacio físico a una nueva combinación entre espacio físico y realidad virtual. El encuentro dominical en la plaza del pueblo ha derivado en una mezcla entre el encuentro televisivo de los programas de prime-time de cada noche y los diversos encuentros familiares y sociales en el espacio y en el tiempo. La nueva organización del territorio debe compartir las relaciones tradicionales de proximidad con las nuevas relaciones de conexión. Si antes todo sucedía en un mismo espacio, ahora las relaciones sociales buscan un punto de encuentro distinto para cada actividad. Y es por ello que el espacio público queda en cuestión, o como mínimo necesita de una relectura.

Una lectura territorial desde el urbanismo de las redes nos permite poner al descubierto este nuevo entramado de relaciones sociales. A partir de la implementación de todo tipo de redes como nuevos intermediarios territoriales se ha generado un entramado de redes definidores del nuevo territorio y que se pueden caracterizar en tres niveles:
· redes de relación personales
· redes de producción, distribución y consumo
· redes de infraestructuras de transporte y de telecomunicaciones

Si una familia tradicional se relacionaba en la plaza del pueblo, iba al mercado y usaba las redes de transporte y telecomunicaciones solamente para salir del núcleo en contadas ocasiones, en la familia de un territorio posfordista cada uno de los dos miembros trabaja en un municipio distinto de la aglomeración, diferente a su vez del municipio en el que viven. Sus hijos van a una escuela de un tercer municipio, y los espacios de ocio y consumo se sitúan a su vez, en otros municipios. Se crea de esta forma una red compleja de relaciones personales, condicionada a su vez por las redes logísticas de consumo y por el uso cotidiano de las redes de infraestructuras de transporte y de telecomunicaciones.

En este escenario de fragmentación y complejidad territorial, los medios de comunicación han impuesto nuevos discursos sobre la ciudad, entre ellos los de la ciudad rememorada, proyectada e imaginada, propiciando de esta forma que la percepción física se confunda con la imagen creada por los medios de telecomunicación. Todo ello tiene consecuencias radicales en el diseño de los nuevos espacios públicos. El centro histórico de Barcelona con la reforma urbana de la que ha sido objeto es un ejemplo de ello.

Los espacios públicos del centro histórico: la constatación de la limitación de los instrumentos urbanísticos actuales

Ciutat Vella está confrontada a un proceso de cambio donde se destaca la confluencia de multitud de voluntades, reflejo de las imágenes representadas por cada uno de los grupos sociales de la ciudad. La memoria histórica, la conquista de un nuevo espacio a diseñar, la imagen idílica de la mezcla de gentes, la concentración de la inmigración, son algunos de los componentes más significativos de esta confluencia de proyecciones. Sus espacios públicos se convierten en objetos cada vez más complejos en un tejido en transformación con flujos significativos de inmigración. No obstante, la reforma urbana se sigue centrando en los métodos tradicionales asociados al simple mecanismo de esponjamiento, limitado a la eliminación de la edificación y a la creación de huecos en el tejido urbano. La inserción de nuevas actividades sólo ha sido puntual y en muchos casos ha representado la conquista del espacio central por instituciones externas a la propia realidad preexistente del centro histórico.

En este marco, las plazas se han diseñado según el modelo idealizado del ágora, aunque haya sido asociado a un cierto sello de modernidad en sus elementos constructivos. Como resultado, los espacios urbanos diseñados sufren de una gran fragilidad por la ausencia de apropiación de los lugares por parte de sus habitantes, y por la complejidad de las relaciones de los grupos sociales que conviven en ellos. De hecho, son la combinación de las relaciones finalmente ejercidas en estos nuevos espacios, quienes dan el verdadero carácter al espacio público. Los establecimientos que los enmarcan, las poblaciones que los habitan y los distintos tipos de movilidades o formas de interacción ejercidas en ellos, son elementos esenciales para su definición. En el caso del barrio del Raval, el diseño del espacio construido no es más que una parte de la definición de un espacio público, y su comprensión no es posible sin analizar la función que este espacio ejerce para el barrio y para el conjunto de la aglomeración, así como sus interrelaciones. Por ello no es de extrañar, que a pesar de la creación de nuevos espacios de diseño, con esculturas y elementos constructivos de calidad, se haya consumado la creación de guetos y ecosistemas urbanos cerrados en sí mismos. Las posibilidades de mezcla de grupos sociales, la coexistencia de grupos distintos en un mismo espacio, el rol de barrio central nocturno para la aglomeración, el peso de la inmigración en la interrelación entre los habitantes de una aglomeración, se convierten en parámetros clave para una redefinición de un espacio público.

El origen de los espacios públicos del centro histórico: revisión de los planteamientos urbanísticos implícitos en la reforma de Barcelona

Si se analiza la evolución de las grandes intervenciones sobre el centro histórico de Barcelona se observan tres momentos correspondientes a tres épocas de transformación de Barcelona con sus esquemas de referencia propios (ver fig.1):
· Etapa Mercantil asociada a la desamortización de Mendizabal (1835) y reconocible en los mercados (Boquería, Santa Caterina) y las plazas (Medinacelli, Real, Sant Jaume).
· Etapa Industrial que coincide con la segunda revolución industrial asociada a la introducción de la electricidad y plasmada en la apertura de la Via Laietana (1907).
· Etapa Culturalista asociada a la época posmoderna con la introducción de las nuevas relaciones de producción posfordistas y centrada en los nuevos artefactos culturales y relocalizaciones de entidades preexistentes (MACBA, CCCB, FAD, Edicions 62, Institut d'Estudis Catalans, etc).

Del análisis de las distintas reformas urbanísticas se ha observado que recurrentemente las transformaciones del centro histórico se han basado en la creación de huecos, a través de vías o de plazas. Esta última etapa (1986-2000) no sido una excepción. Frente a la apertura de vías se ha recurrido a la apropiación de plazas y nuevos espacios expropiados, según un modelo más cercano a la desamortización de Mendizabal de 1835, que a la apertura de la Vía Laietana de 1907. Por otra parte se ha observado que en cada reforma siempre ha existido un nuevo grupo social emergente que ha intentado apropiarse de los sectores centrales de la ciudad. La ultima apropiación ha sido la de la industria cultural, generadora de un discurso gentrificador. La idealización de la mezcla urbana y del multiculturalismo en los espacios públicos ha sido su eje central. En este marco el discurso del proyecto urbano se ha trasladado al diseño de los espacios públicos.

Pero ante un escenario propio de la posmodernidad y con un modelo productivo postfordista, se observa que las relaciones sociales ya no son homogéneas. Además la dualización del espacio se ha asentado, apareciendo personajes y escenas que no estaban previstos en el guión. La vivencia de inseguridad, problemas de convivencia entre vecinos, las patrullas callejeras, niños de la calle. Todo esto no responde a lo previsto para el barrio desde la perspectiva del discurso gentrificador.

El discurso del Proyecto urbano en el que se aplicaba el efecto positivo de metástasis propio de las intervenciones puntuales (Bohigas, 1987) fue un método interesante para barrios obreros consolidados en su población durante la década de los 80. En esta época, y tras la aprobación del PGMB de 1976, hacía falta concretar en el proyecto la materialización de las transformaciones. El planteamiento del proyecto urbano se inició en los barrios obreros del cinturón de Barcelona de los años setenta, con unos déficits significativos de equipamientos públicos pero con una población estable, y donde los dirigentes vecinales habían liderado la reclamación de los equipamientos y espacios públicos. Además, los técnicos redactores del PGMB de 1976 habían recogido mecanismos para la reserva de estos espacios, permitiendo un gran margen de maniobra (Magrinyà, 1999). En este contexto el discurso del proyecto urbano encajaba perfectamente. Era aquel instrumento que permitía concretar las demandas sociales y pasar del Plan al Proyecto.

En cambio, el discurso del proyecto urbano, plenamente pertinente para la renovación urbana de los barrios obreros del cinturón industrial de Barcelona, ya no es válido aplicado al centro histórico de Barcelona. En la etapa 1986-2000 nos encontramos en Ciutat Vella con una población fluctuante, unas organizaciones vecinales debilitadas, y unos discursos sobre el centro histórico externos a los habitantes. La aplicación del modelo del proyecto urbano ha ido derivando en la construcción de una escenografía en la que los arquitectos son sus decoradores. La perspectiva de la ciudad como decorado, en el que las personas y los espacios son tratados como elementos de unas escenografías basadas en un discurso benefactor y etnocéntrico, falsifica la propia realidad de los espacios públicos. Se le está diciendo al espacio y a las personas cómo deben actuar. Se marcan unas pautas sobre las relaciones que personas y espacios deben establecer, siempre desde una perspectiva del poder establecido. En este sentido, los centros históricos se han convertido en elementos subalternos de un discurso de la ciudad.

Los espacios no se han considerado desde la ocupación del entorno, sobre las condiciones (propiedad/alquiler), los tipos de poblaciones. Todo ello hace que algunos de estos espacios sean frágiles. Decisiones como situar establecimientos de instituciones que tienen más bien unos horarios de administración, la utilización de las plantas bajas y de los entresuelos es mucho más decisiva de lo que pueda parecer a simple vista. En este marco la caricaturización del espacio público limitado a una intervención puramente arquitectónica en la que se busca un decorado y el control del mobiliario urbano pone en evidencia la ausencia de unos planteamientos urbanísticos globales, esenciales para un tratamiento de los centros históricos.

La coexistencia de movilidades distintas: hacia la creación de movilidades duales en los espacios centrales

Aparte del control de las condiciones de edificación, esenciales para conseguir unas condiciones estables en las relaciones de los habitantes de un tejido, es necesario comprender los mecanismos de las relaciones establecidas por los usuarios externos al barrio y aquellas de los habitantes cotidianos del lugar, así como su combinación. Un repaso por los nuevos espacios públicos del barrio el Raval nos permite desarrollar con más detalle esta mezcla o combinación de movilidades. Para su estudio proponemos un análisis de los efectos de los transportes y las telecomunicaciones como nuevos intermediarios significativos sobre las relaciones establecidas, y las nuevas formas de apropiación de los espacios públicos.

Por una parte, los habitantes establecen con los elementos del lugar un mayor o menor arraigo territorial. Por otra parte, las relaciones pueden clasificarse en homogéneas, si los habitantes establecen relaciones con miembros de su grupo social, y en heterogéneas, si las relaciones se establecen entre miembros de grupos distintos. Respecto de la variable arraigo territorial, se distinguen dos casos extremos. Por un lado existe una población que aprecia vivir en los centros históricos. Por otro lado nos encontramos con una población que puede vivir perfectamente en cualquier punto de la periferia sin ningún vínculo con su entorno. Respecto de la segunda variable se distinguen también dos extremos. Por un lado existe un grupo social que tan solo mantiene relaciones con otros miembros que tengan las mismas afinidades sociales y culturales, y por otro lado existe aquel grupo de gente que busca la mezcla o el encuentro inesperado con miembros de otros grupos. Del cruce de las distintas combinaciones de estas dos variables se generan cuatro grandes grupos de movilidades significativas: de vecindad, dual, fragmentada y de centralidad (Magrinyà, 1998).


Tipo de movilidad Relación territorial Espacio homogéneo Espacio heterogéneo
Movilidad de proximidad
Arraigo territorial Movilidad de vecindario Movilidad dual
Movilidad de conexión
Isomorfismo espacial Movilidad fragmentada Movilidad de centralidad
Fig.2 Tipos de movilidad según la relación con el espacio y con el tipo de relación
(Fuente: Magrinyà 2002)

La movilidad de vecindario se caracteriza por una relación estrecha del habitante con su territorio, y por una homogeneidad en las relaciones. Un ejemplo paradigmático de este tipo de movilidad es el de un barrio obrero tradicional, donde existe un solo grupo social arraigado al entorno físico. La movilidad dual se caracteriza, en cambio, por una relación estrecha con el territorio, pero en la que ya coexisten varios grupos sociales distintos con comunidades diferenciadas, y en él se establecen relaciones heterogéneas además de las homogéneas de cada grupo. La introducción combinada y masiva de los transportes y de las telecomunicaciones genera una transformación profunda de las relaciones al individualizarlas y al separarlas de su entorno físico. La comunidad cohesiva y compacta situada sobre un mismo espacio físico se ha roto. De ahí surge en primer lugar la movilidad fragmentada (ver fig.4). En ella, sus habitantes mantienen relaciones con miembros de un mismo grupo (familia, trabajo, amigos de los hijos, etc) pero en las que la posición en el espacio ya no es un elemento determinante. Paralelamente surge aquella movilidad propia de los grandes centros, donde los habitantes buscan aquellos centros visibles y reconocibles del territorio, normalmente artificiales, que generen además el encuentro inesperado con otros grupos, y a la que denominaremos movilidad de centralidad. Un ejemplo de referencia es el centro comercial. El distinto predominio de cada una de estas movilidades en un espacio va a caracterizarlo de forma determinante (ver fig.3).

Las plazas del Raval: ejemplos de diversas formas de apropiación de los espacios públicos

Según esta perspectiva vamos a analizar algunos de los nuevos espacios públicos desarrollados en la reforma del Raval. Un primer ejemplo significativo es el nuevo espacio público de la Plaza de las Caramellas (ver fig.5), inaugurada en 1990 que caracterizamos por el predominio de la movilidad de vecindario. Es un espacio generado a partir de viviendas de protección social donde se han trasladado los vecinos del barrio tras el derribo de sus viviendas de la parte baja del Raval. Está conformada por una población autóctona desplazada y con un nivel de renta bajo. El diseño de la plaza es interesante en cuanto a sus elementos constructivos, y el espacio es bien acogido por los nuevos vecinos. No obstante, y desde una perspectiva urbanística es un espacio encerrado en sí mismo. Una muestra de ello es que una de las entradas está cerrada durante gran parte del día. El carácter homogéneo como grupo de sus moradores y el hecho que en su diseño sea más bien un patio interior de manzana condiciona que esta plaza no haya acogido cierta mezcla y no haya generado muchas imágenes para ser exhibidas por la municipalidad. Es más bien un nuevo espacio con movilidad de vecindario tradicional con relaciones entre miembros de un grupo social de bajo nivel económico.

Els Horts de San Pau (ver fig.6) es otro de aquellos espacios que por su entorno debería tender a una movilidad de vecindario. En este caso el espacio es de unas dimensiones significativas para el barrio (2 ha) y ello condiciona de forma determinante su apropiación al ser diseñado más bien como un espacio con límites y cerrado en sí mismo. Su espacio acoge la iglesia románica de Sant Pau, el elemento histórico más significativo del barrio; un polideportivo, una escuela y un parking. Estos cuatro elementos, aislados entre sí, acogen unos servicios para la ciudad pero no para el barrio. El parking se utiliza para los espectadores de los teatros del Paralelo, el polideportivo ejerce de equipamiento más para la ciudad que para el barrio y Els jardins de l'Hort de Sant Pau fueron diseñados para realzar una mirada sobre la iglesia, pero muy pocas personas y visitantes toman esta perspectiva. Junto a la iglesia había un descampado que tras el incendio de la fábrica se utilizaba como campo de fútbol provisional, pero ahora está vallado y su uso está fiscalizado. En definitiva, Horts de Sant Pau, no es un espacio de circulación, sino un espacio encerrado en sí mismo, con un aspecto de lugar inseguro, compartimentado y parcelado, cuando podría ser un elemento de conexión fácil entre la calle de Sant Pau y la Avda del Paral.lel. La ausencia de planteamientos que potenciasen la apropiación del vecindario han hecho que el espacio se haya convertido en un "no lugar" en el sentido de una falta de apropiación por los grupos autóctonos. Finalmente el espacio ha sido apropiado por la comunidad pakistaní, y al mismo tiempo se ha convertido en un punto de venta de drogas con el aparcamiento como escondite. Se ha generado de esta forma un espacio con movilidad dual, con dos comunidades bien establecidas, la autóctona y la pakistaní.

Junto a estos espacios de unas dimensiones significativas, nos encontramos con multitud de espacios abiertos de dimensiones escasas. Este es el caso de los Jardins de Volta de Encires o de la plaza Pere Corominas, por poner dos ejemplos. Son nuevos lugares, con la característica de espacios intersticiales, sin llegar a tener las dimensiones mínimas como para ser considerados una plaza. Son espacios que disponen de unos bancos en los que coexiste el entorno de fuera y los vecinos de dentro. Ninguno de estos espacios ha acogido una escultura, ni tampoco ningún edificio de relieve o iniciativa cultural significativa. Es significativo paralelamente el caso de las plazas de Jean Genet y Pierre de Mandirgues que serían los representantes de dos homenajes a la memoria literaria, y ejemplos de la aplicación del discurso de la ciudad como lugar de rememoración. Se han bautizado precisamente dos espacios que todavía mantienen este aspecto de mezcla underground. Son espacios en los que se derrumba la manzana, se construyen pisos nuevos y la plaza nueva continua el mismo ambiente. Es el caso de la recién bautizada Plaza Pierre de Mandirgues con la prostitución antes en la acera y después en la plaza; o el ejemplo de la Plaza de Jean Genet, un espacio convertido en plaza de paso y en lugar de conflictos con patrullas callejeras. Son nuevos espacios públicos donde el diseño de la plaza ha representado un simple cambio de decorado.

Junto a los espacios más encerrados en sí mismos, con una combinación de movilidad de vecindario y de dualidad, están aquellos espacios que tienen una relación mayor con la ciudad y están caracterizados por las movilidades duales y de centralidad. Vamos a analizar dos ejemplos significativos: la Plaza dels Angels y la Rambla del Raval. Los dos espacios se caracterizan por el predominio de una movilidad dual, pero en el primer caso, la Plaza dels Angels tiene un componente de centralidad simbólica asociada a los nuevos centros culturales: el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). En este caso nos encontramos con una plaza para ver el museo y para tomar fotografías. Un museo que en ocasiones toma la plaza como exposición y en otras se defiende de la vida de la misma. Este es uno de los lugares de Barcelona que más discursos ha generado. Representa el ideal del contraste entre modernidad y barrio pobre, en el que "conviven" las personas en una escenografía, y en el que el arquitecto toma la función de decorador. Tal como se ha observado, esta escenografía idílica es falsa ya que es un lugar con posibles conflictos. Una muestra de ello es la necesidad de disponer de unos guardas de seguridad alrededor del Museo de Arte Contemporáneo. En el segundo caso, la Rambla del Raval, inaugurada en septiembre del 2000, es un gran vacío. Se diseñó con la referencia arquitectónica de espacios como la plaza Navona, pero se olvidaron de su entorno. El espacio es una confluencia de movilidades de vecindario, duales y de centralidad. La comunidad autóctona sigue siendo predominante, pero recientemente la comunidad pakistaní ha tomado posiciones en el lugar. El lugar se ha fragilizado. Estaba previsto, por sus dimensiones, que fuese un espacio de centralidad pero no ha cuajado todavía, y puede quedar perfectamente como un espacio dual. Una muestra de ello es la apropiación del espacio público por las comunidades de inmigrantes a través de los bares y de actos como la celebración del final de la manifestación de la protesta del movimiento de los “sin papeles”. Siguiendo el esquema de espacios de movilidad dual y de centralidad nos encontramos con otro ejemplo paradigmático con la Plaza Orwell (ver fig.7). Es un espacio resultado de la eliminación de los edificios de una manzana generando un nuevo hueco en el que se ha instalado una escultura como elemento central. Este espacio, por su proximidad a las ramblas, a la Plaza Real y dentro del ambiente más degradado de la calle Escudillers, ha generado un ambiente underground y de vecinos marginados. Es un buen ejemplo de la mezcla urbana: grupos autóctonos con una movilidad de vecindario, tribus urbanas jóvenes que se apropian de este lugar, una movilidad nocturna con un cierto toque underground, y una movilidad turística de centralidad que busca precisamente la mezcla urbana.

Hacia una nueva lectura del espacio público que contemple la relación contenedor-contenido

La combinación de estas distintas movilidades nos permite precisar las relaciones establecidas en Ciutat Vella desde una nueva perspectiva. Como primera conclusión es que aquella imagen idílica del ágora tradicional ha desaparecido. Ni las comunidades son compactas ni cohesivas, ni los espacios están centrados solamente en la apropiación tradicional por la cotidianeidad. Las referencias televisivas, cinematográficas o publicitarias son tan significativas como la apropiación física de proximidad cotidiana. Un habitante puede apropiarse perfectamente de un centro comercial al cual ha ido una sola vez, pero que es recordado reiterativamente por la publicidad. Los espacios ganan en complejidad por la mezcla de movilidades generadoras de comportamientos distintos en los que el espacio público como unidad y espacio de mezcla no es ni más ni menos que una ilusión.

Del análisis de los distintos espacios se ha observado que aquellos espacios con un mayor predominio de la movilidad de vecindario han permanecido mínimamente estructurados. Las relaciones realmente establecidas sobre los espacios públicos del Raval nos ha mostrado que estos espacios siguen unas reglas de apropiación que dependen de los grupos que los habitan en su cotidianeidad. Los espacios con una composición homogénea formada por grupos autóctonos ha generado movilidades de vecindario predominantes. Los espacios en los que se crea una dualización definida por los grupos autóctonos y comunidades de inmigrantes de la última generación, y en los que además, los espacios son de grandes dimensiones como Horts de Sant Pau o Rambla del Raval, el espacio es más frágil. En estos casos hay mayor posibilidad de que el espacio sea apropiado por grupos nómadas incontrolados y generadores de problemas de inseguridad. Se observa además el asentamiento de guetos culturales, como por ejemplo el caso de los pakistaníes quienes se han apropiado en su totalidad de algunos sectores como el de la rambla del Raval entre la calle Hospital y la calle Sant Pau. En este caso los espacios viven autónomamente y fuera del discurso gentrificador.

Por otra parte en aquellos espacios con mezcla de movilidades de dualidad y de centralidad se observa una falta de apropiación cotidiana del espacio que conlleva una mayor facilidad para la colonización del espacio por parte de grupos nómadas (niños de la calle, traficantes de drogas, etc.). Este efecto se refuerza todavía más si son espacios con predominio de movilidades de centralidad ya que toma cuerpo un componente de "no lugar" que dificulta la apropiación cotidiana de los lugares, como es el caso de la Plaza Orwell. De tal forma que aquellos espacios en los que no existe una apropiación homogénea propia de las movilidades de vecindario surge con facilidad la posibilidad que grupos nómadas como los niños de la calle o ciertas tribus urbanas se apropien momentáneamente del espacio, fragilizando las relaciones que los acogen y creando problemas de seguridad.

Como conclusión se puede afirmar que en la época posmoderna, caracterizada por un territorio complejo y fragmentado, es imprescindible el análisis de las relaciones y movilidades predominantes para un correcto diseño del espacio público.

Bibliografía

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